
Por Gabriel Rozencwaig | El Análisis
Así es. Tres partidos y tres historias idénticas. Un equipo que arranca con cierto orden táctico y buenas intenciones y que con el correr de los minutos se diluye en su indefinición para terminar arrinconado en su propio arco.
Como en las fechas anteriores, el planteo parecía apropiado, pero debemos detenernos en el fondo de la cuestión. Luego de recuperar la pelota, ¿con qué jugadores cuenta Argentinos de mitad de cancha en adelante para generar fútbol y abastecer a los de arriba?, ¿cuando llega el momento de cambiar de ritmo e intentar definir en los últimos metros de la cancha?.
Está claro que Troglio intenta improvisar formaciones para suplir las carencias con las que cuenta. Así vemos a Franco Niell como enlace, o a Sergio Escudero como carrilero izquierdo con la evidente falta de recursos para cumplir esas funciones.
Vélez, con muy poco fútbol pero con evidente superioridad individual, le bastó en la segunda etapa para doblegar a un equipo sin argumentos, que fue sumergiéndose en su desesperación, que se tradujo en cuatro amonestados (Escudero, Torrén, Prósperi y Mercier) y un expulsado (Gentiletti). Gareca hechó mano a su banco de suplentes, puso en cancha a Cristaldo y Álvarez como artillería pesada, doblegando así la resistencia del "Bicho".
Perder con Vélez, un equipo con serias pretensiones del título, puede resultar un resultado lógico, sin embargo, lo preocupante es la forma de perder. Hay que esforzarse mucho para recordar en Argentinos jugadas armadas con criterio y volumen de juego. Tuvo dos chances Blandi en la primera etapa, una de cabeza y un mano a mano producto de un error defensivo del rival, y es difícil recordar algo más.
Argentinos perdió 2 a 0 frente a un gran equipo, pero ésta derrota deja el sabor amargo de no generar juego asociado que nos permita ilusionarnos con un futuro inmediato mejor.
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